Sucedió en Tablada
Ayer pasó algo. No saldrá en ningún diario, ni siquiera en un portal de noticias. Sucedió que en Barrio Tablada, ese lugar tan golpeado y tan estigmatizado, como a la vez tan olvidado por quienes delinean políticas de estado, hoy no se produjeron hechos de violencia, sino de encuentro, de multiplicar, de cosechar semillas sembradas colectivamente.
Ocurrió que, en tiempos donde parece que nada separa tanto como aquello que nos diferencia del otro, un grupo de organizaciones, después de venir juntándonos durante casi dos meses, logramos plasmar un hecho colectivo, donde se privilegió el derecho de las niñeces, la potencia de articular lo colectivo y el valor de lo amoroso.
No importan los nombres de las organizaciones o instituciones. Fue el resultado de sentir que después de tanta lejanía que nos provocó la pandemia y las miserias de una cultura que plantea individualismo y meritocracia, podíamos lograr algo diferente apostando al encuentro, a escucharnos, a respetarnos en las diferencias de maneras de construir.
Y así fueron surgiendo las ideas y propuestas para concretar entre todos una forma distinta de celebrar las infancias, en nuestro territorio, ese tan lastimado como ninguneado.
No importan los nombres, repito. Nos juntamos un centro de salud, un grupo Scout, una biblioteca popular, un club barrial, un organismo de derechos humanos, una parroquia, una radio comunitaria, un ámbito de salud mental, una vecinal.
Se produjo entonces algo hermoso, que ahora nos implica el desafío de demostrar que semejante articulación no fue un punto de llegada, sino la forma de comenzar algo porque nuevamente tenemos ante nuestros ojos que lo que se alcanza colectivamente tiene mucho más valor porque construye COMUNIDAD.
Y sin embargo, se trata siempre de preservar la humildad porque son acciones pequeñas. O como mejor lo dice Eduardo Galeano: «Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable».
Y por ello sea acá, en nuestro barrio Tablada, en la ciudad, en el país o en nuestro territorio mundo, siempre al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos…
Carlos Núñez


